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¿Quiénes Somos?

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Elementos no negociables

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¿Qué son nuestros elementos no negociables?

 

Los elementos “no negociables adjuntos al carisma” son aquellos que marcan, por así decirlo, a fuego nuestra espiritualidad, nuestra identidad religiosa. Se trata de realidades vividas desde los inicios, que de alguna manera nos han distinguido y que pertenecen al carisma de nuestra Familia Religiosa. Diciendo “no negociables”, entendemos su esencial pertenencia a nuestro carisma, a nuestra espiritualidad y a nuestra razón de ser. Por tanto, cada una de las Ramas (tanto contemplativa como apostólica) con su particular misión deben tratar de vivir a pleno estos elementos.

 
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1. la digna participación de la Santa Misa y la marcada devoción eucarística

La Eucaristía debe ser siempre el centro de nuestra vida espiritual y de modo muy especial en la vida contemplativa. Cada una de nosotras debe ser adoradora de Cristo en la Eucaristía y promotora de la adoración eucarística y de la Santa Misa. Nuestro obrar, de hecho, debe dirigirse a atraer a las almas a Él. Las contemplativas de modo particular deben destacarse en el modo de vivir la Santa Misa y ejemplo en el modo de preparar la Liturgia.

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2. Espiritualidad seria

 

El deseo de vivir una espiritualidad seria se manifiesta en el hecho de que practicamos los Ejercicios Espirituales ignacianos. La promoción, organización e incluso la predicación de este apostolado tan fructífero es algo muy afín a la Rama Contemplativa. Esta espiritualidad seria se manifiesta también en el hecho de que nos formamos según la doctrina de los grandes maestros de la vida espiritual, como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. También en la práctica asidua de la Lectio divina, siguiendo a Santo Tomás de Aquino y a los Padres de la Iglesia, se muestra el deseo de una espiritualidad seria y profunda.

 
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3.Visión providencial de la vida

Este elemento no quiere decir otra cosa que vivir según aquello que dice San Pablo “todo coopera para el bien de los que aman a Dios” (Rom 8, 28).  Para vivir según este elemento, es muy necesaria una visión sobrenatural, es decir no mundana, mirar con los ojos de Dios, y esta no se puede alcanzar sin una vida de oración seria y profunda. Solo así se abren los ojos para ver y descubrir cómo Dios continuamente está actuando en los hechos concretos de nuestra vida cotidiana. Esta visión nos ayuda a vivir siempre en una paz inalterable, y a transmitirla también a las personas que se acercan a los Monasterios.

 

4. Docilidad al Magisterio vivo de la Iglesia de todos los tiempos

Además de la oración continua por todas las necesidades de la Iglesia, cada una de nuestras casas contemplativas reza por una especial intención de la Iglesia, basada en algún documento del Magisterio. Deseamos también formarnos cada vez más en este espíritu de docilidad mediante el estudio de los diferentes documentos, encíclicas y enseñanzas del Magisterio.

 

5.El estudio de Santo Tomás de Aquino 

Deseamos alejarnos de la superficialidad, la vana curiosidad, del enciclopedismo, la erudición vana que busca la extensión y no la profundidad. Queremos ser hombres y mujeres que sepan estar a la altura de los acontecimientos, que sepan juzgar la realidad temporal según la verdad sobrenatural. Por eso la formación de las contemplativas, como la de todas las hermanas del Instituto, tiene una base completamente tomista. Será esencial en la vida contemplativa la formación permanente, y por eso, nuestras Contemplativas también participan de los proyectos de estudio, formación, e investigación de la Familia Religiosa.

 
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6. “Morder la realidad”

Esto no es otra cosa que el afrontar la realidad con visión sobrenatural, para transformarla según el espíritu del Verbo Encarnado y según la encarnación. Buscamos de afrontar la evangelización sin diluir la fe en lo racional, sin convertir lo sacro en profano, sin caer en espiritualidades insustanciales. Lo que perseguimos es que el Evangelio informe las culturas de los hombres; para lo cual es imperativo un renovamiento de la vida bajo el influjo de la gracia. Queremos que nuestros Monasterios estén bien insertados en la realidad donde se implantan, y para este fin, es muy importante para las contemplativas aprender la lengua local y conocer la historia, la gente y la iglesia del lugar.

 
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7. Creatividad apostólica y misionera

El celo apostólico nace del amor… es imposible amar a Dios sin sentir arder en sí el fuego del apostolado. La caridad es creativa, es difusiva de sí, no desperdicia ninguna oportunidad ni ahorra esfuerzos para hacer el bien. Por esto, deseamos que las contemplativas estén intensa y creativamente envueltas en la aventura misionera. Aquí entra la oración por los misioneros, la atención a los misioneros, la ayuda a las misiones, la fundación de nuevos Monasterios, e incluso el trabajo artístico, como la pintura de íconos, que es un modo más de evangelizar. Los voluntariados realizados en algunos de los Monasterios han dado muchos frutos de conversión, de profundización en la fe y en la vida de oración, y de vocaciones; también la acogida de laicos y religiosas para tiempo de mayor oración, descanso o estudio es un testimonio de caridad que da muchos frutos.

 
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8. La elección de los puestos de avanzada en la misión

Dado que la imitación del Verbo Encarnado “nos urge a trabajar en los lugares más difíciles, aquellos donde nadie quiere ir” (Directorio de Espiritualidad, 86), deseamos, con toda la Familia Religiosa, que las contemplativas, “no sean esquivas a la aventura misionera” como decimos en nuestra fórmula de votos. Es nuestro deseo fundar Monasterios en tierras de misión, para que la Evangelización tenga raíces profundas. Deseamos también ayudar a conservar los Monasterios de Europa. Nosotras queremos tener Monasterios en todas las Provincias, en todas las misiones, para sostenerlas, para que la Familia esté completa.

 
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9. Las obras de misericordia

Buscamos ser religiosos generosos que se inclinen a mostrar la verdadera compasión de Cristo hacia el hermano que sufre en el cuerpo y en el alma.  En estos últimos años, Dios nos ha dado un modo concreto de practicar la misericordia, por ejemplo, ayudando en Monasterios donde viven hermanas ancianas y enfermas. Así, con la ayuda de Dios, hemos podido colaborar para que varias hermanas, incluso algunas de las nuestras, permanecieran en sus Monasterios hasta el final de sus vidas viviendo de modo digno sus vidas religiosas y  teniendo una santa muerte como esposas de Cristo.

 
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10. La fuerte vida comunitaria y el espíritu de alegría

La alegría ha caracterizado nuestro modo de vivir desde los inicios, y es algo que hay que cultivar con la práctica de la virtud, para vivir siempre mejor esta alegría que nace de la verdadera caridad. La verdadera alegría, la alegría serena y profunda que se mantiene a pesar de las dificultades y padecimientos, es precisamente la alegría que nace de la cruz.

Nuestros monasterios son familias verdaderas donde cada hermana, impulsada por la caridad fraterna, busca todos los medios para que “nadie sea disturbado o entristecido en la casa de Dios” (Constituciones, 95). Es algo muy característico nuestro el celebrar como corresponde las grandes solemnidades, en especial la Octava de Pascua, los domingos, los días de los Apóstoles y de Nuestra Señora. Además, en nuestras comunidades tenemos semanalmente otra fiesta en pequeño, que es la recreación, vivida en espíritu de familia.

 
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11. La devoción a la Virgen

Ser mariano es algo propio del carisma, no sólo por el cuarto voto, sino también por la presencia de la Virgen en todas nuestras actividades, desde la consagración que renovamos en cada Misa hasta la culminación de todas nuestras fiestas con un canto a la Virgen. Sabiéndonos nacidos del Inmaculado Corazón de María, la devoción a la Madre de Dios es esencial en nosotros, si hemos de ser fieles a nuestro carisma, si hemos de realizar con fruto nuestra misión. No es posible ser de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado y no amar a María. Por eso llevamos a la Virgen, particularmente bajo la advocación de la Purísima y Limpia Concepción de Luján, a todos los lugares donde se halla el Instituto. La Virgen es nuestra Reina, es nuestra Madre, y después de Jesús, el más alto ideal y nuestro gran amor.

En varios monasterios estamos preparando algunas personas para realizar la Consagración a la Virgen, para llevar los frutos de la esclavitud mariana a más almas y acercarlas a Jesús por María cada vez más.